viernes, 4 de septiembre de 2009


A P O C A L I P S I S . 2 3



Hasta que otra vez resulta que no. No es casualidad ni causalidad, no es planeamiento ni actuación. Es un no. Que se disfraza de un no sé tan prometedor que a fin de cuentas fue siempre ficticio ¿Hubo razón de canjear una negación por esperanza? Dentro de esta cabeza que piensa demasiado, dice poco y no hace nada, se dibuja un mar de vidrio. - No es excusa -

Las agujas engañan a veces, complotan con intenciones borrosas que, hasta dá la sensación de que existen fluctuaciones, desiguales y colosales, que por momentos tocan el cielo y le dan caída libre al infierno. Mi integridad se viste de sol con la luna en los pies, descuidando que la perspectiva le regala alas a la imaginación. Cambio de ángulo y ¿A quien quiero engañar? No es más que un eclipse de sentimientos.

Entonces el cielo se abre, blanco y verdadero, me sorprende con la llave de un abismo y una cadena en la mano. Quizás para atar lágrimas secas y arrojarlas, encerrarlas y poner un sello sobre ellas. Quizás para darle un final firme, con la dosis justa de melancolía, a un afán tan impreciso como cardinal.

Es que fue y sigue siendo un no. No se trata de recitarlo gratuitamente, sino de captarlo y, efectivamente, hacerlo de propiedad personal. La aflicción no tiene potestad sobre éste. No tiene sentido adornarlo, se pierde la esencia. De pronto con la intención no alcanza, porque no hay efecto. Y con tinta teñida en sangre y cianuro, simplemente... lo dejo ser.